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martes, 5 de julio de 2011

Fisicoculturismo: No somos tontos… ¿o sí?

Por Cándido Moro

La realidad es que la esencia de esta disciplina, conocida como fisico-culturismo, o escultura corporal en el más amplio sentido semántico de la definición, es crear una imagen atractiva, impactante e imponente del propio cuerpo. Las medidas en sí significan muy poco y no cuentan a la hora de evaluar esa estampa corporal, es el conjunto de las proporciones y de sus simetrías lo que constituye su atractivo. Pero el día que alguien dijo que sus brazos habían alcanzado la circunferencia de equis centímetros, en ese mismo momento comenzó una carrera enloquecida por superar la medida del brazo. Había que superar los 45, los 48 y luego cuando en los 60 alguien aseguró haber alcanzado los míticos 50 centímetros esa se convirtió en la meta de todos.

Pero lo cierto es que cuando a principio de los 70 según las revistas casi todos los grandes culturistas poseían brazos de más medio metro, el desaparecido Arthur Jones los invitaba a todos a entrenar en sus instalaciones de Florida y nada más llegar los medía y afirma que sólo Arnold y Oliva alcanzaban esa medida. Ninguno de sus contemporáneos llegaba a esa talla. O sea que todos mentían. Hoy muchos se jactan de poseer brazos de más de 60 pero muy pocos se los dejarán medir, debe bastar su palabra.

Aunque ningún otro grupo promueve semejante locura de medidas, lo cierto es que una gran mayoría de culturistas exagera, o miente directamente, cuando declara sus dimensiones de pecho, hombros, cintura etcétera. Qué tontería ¿no? Si al fin y al cabo tanto en la calle, como en el gimnasio y sobre todo encima de un escenario nadie les preguntará cuánto miden, su impacto visual y su clasificación dependerán del aspecto global que tengan. ¿Entonces para qué engañar con las medidas?

El segundo ‘pecado’ de sinceridad se comete con el peso corporal. Todos están obsesionados con pesar mucho, cuanto más mejor, como si la suma de kilos sobre una balanza tuviese algo que ver con la apariencia o con la belleza de las formas del cuerpo, desgraciadamente casi siempre existe una relación inversamente proporcional entre el peso y la estética corporal. Aquí también se mete la cuchara hasta el fondo en el plato de la exageración cuando se trata de decir lo que pesa cada cual. Y hablando de peso, no digamos ya como se pasan de la raya cuando algunos cuentan lo que levantan en el press de banca, en la sentadilla o en el curl con barra. Kilos y kilos, exactamente igual como si fuesen grúas humanas y eso los convirtiese instantáneamente en campeones. Un culturista no es un powerlifter ni un levantador olímpico, por tanto su objetivo no es batir ningún récord de levantamiento, sino construir el físico lo más perfecto posible.

¿Y qué decir de las dietas? Se diría que las normales o sensatas no sirven, siempre se busca la extraña, la rara, aquella que casi suena a disparate, porque ‘entonces debe tener algo mágico’. Buscan la pócima milagrosa y cuando alguien les propone comer bien, de forma regular y variado, desprecian esa posibilidad porque eso no tiene nada de ‘especial’. Alguien dijo una vez que si un día se publicase un artículo que afirmase que se había descubierto en las heces bovinas una molécula que hacía crecer los músculos, entonces los prados estarían llenos de culturistas buscando y comiendo ‘caca de vaca’. Y el que lo dijo conocía la mentalidad de ‘algunos’ culturistas.

Por razones obvias, no quisiera hablar de las ayudas químicas que algunos emplean, porque desgraciadamente ese tipo de mentalidad sigue prevaleciendo, a pesar de los grandes riesgos que ello implica para la salud. Los locos y cobardes incapaces de someterse al trabajo riguroso bajo los hierros buscan el atajo que pueda proporcionarle los fármacos, y piensan que si los otros están más grandes y fuertes debe ser ‘necesariamente’ porque se meten mucha traya y no se detienen a pensar en el trabajo enorme, duro, largo y muy serio que llevan a cabo tanto en el gimnasio como con la dieta. De manera que asumen que si otros están fuertes debe ser porque se ‘ayudan’ mucho, así que por si acaso… ¡ellos más todavía! De forma que aumentan arbitrariamente todo lo que puedan pensar como necesario. Es siempre el mismo patrón: el de traspasar los límites a toda costa. Si alguien les dice 10, ellos optan por 15… por si acaso.

¿Y en los suplementos nutricionales? Más de lo mismo. Todavía me pregunto cómo es posible que algunas marcas de suplementos puedan decir semejantes barbaridades y todavía haya quienes confíen en esas empresas de suplementos. Ciertas marcas llevan años diciendo en sus publicidades que tomando ‘este’ suplemento, diseñado en poco menos que una estación espacial, se puede ganar 7 kilos en 7 días, o perder 10 en una semana, o incrementar un 200-300% la fuerza, o las ganancias musculares en un 75%, e incluso multiplicar las células y otras tonterías por el estilo, eso sí siempre con un culturista grandote como prueba y muchas gráficas llenas de ‘colorines’ y de cifras; pero lo curioso es que al cabo del tiempo el producto mágico definitivo que revolucionaría el mundo del culturismo ha desaparecido y ahora ha llegado otro de la misma marca que lo sustituye ensanchando las células y prácticamente alterando el código genético.

Pero hombre, eso es insultar la inteligencia del culturista, ¿o no? Al fin y al cabo, los hay que pican una y otra vez, a pesar de que nunca se cumplan las promesas o las exageraciones. Uno de esos iluminados magnates de los suplementos cuando le pregunté: “¿No es demasiada exageración toda esa publicidad?” me contestó “Es lo que quieren, los culturistas buscan lo imposible, lo fuera de lo normal, así que cuanto más exagerado más se vende”.

¿Será posible que estemos tan locos? ¿Se diría que la exageración y las mentiras son vasos comunicantes que lo infectan todo? ¿Para forjar un cuerpo de músculos admirables hay que perder el sentido común? ¿A dónde nos llevará el ‘más todavía’?

Para estar fuertes y construir un gran cuerpo no hay que ausentarse de la realidad, ni de la sensatez, tampoco hay atajos ni pócimas mágicas, basta con entrenarse con rigor, con tenacidad, con algo de inteligencia y con el tiempo los resultados os pueden sorprender tanto por dentro como por fuera. Y lo demás son cantos de sirena.

Porque a fin de cuentas los culturistas no somos tontos… ¿o sí?

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